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lunes, 21 de abril de 2014

El valor de los valores

Algo que descubrí al aparecer mi deseo de ser padre es que no estaba seguro de la respuesta a:

¿Cuáles son los valores que quieres inculcar a tus hijos?

Ahora que voy a ser padre, no he dejado de pensar en eso todo el embarazo de mi esposa. Para ser precisos, 35 semanas.

Exactamente el tiempo que tiene mi esposa embarazada. Y es el tiempo que he estado pensado en buscar una respuesta.

Pues les digo un secreto a voces: Para mí, los valores lo son todo.

Siempre que hablo del tema de los valores viene a mi mente un discurso de aceptación de un premio en el que estaba: Recuerdo que una frase que me marcó fue “Se puede negociar cualquier cosa, pero los valores nunca”.

Desde ese día (hace varios años ya), he tomado muy es serio ese punto.

La verdad es que todas mis decisiones de vida (estudiar, casarme, tener hijos, renunciar, discutir con mi hermano, etc) se basan siempre en lo mismo: Mis valores jamás se negocian.

No me malinterpreten: no soy un idealista y no creo ser un pendejo (aunque eso puede analizarse en otro momento). La verdad es que si lo pienso, creo que siempre me he considerado un pragmático tantas veces que ya me lo estoy empezando a creer, ya que no entiendo la razón, el seguir mis valores y seguir el camino correcto siempre han estado de la mano.

No quisiera decir que soy una excelente persona, más no pienso que soy una mala persona. Digamos que estoy en un punto medio.

No puedo decir que he robado, ni jamás pensaría en robar. No puedo decir que si mis hijos tienen hambre no sería capaz de robar (espero nunca estar en esa situación), pero la verdad es que no me creo capaz de hacerlo. Y eso justamente es de lo que quiero hablar.

He escuchado muchas historias de personas rectas que se desvían (o por lo menos eso parece) de sus valores: Viniendo del país del que vengo, el cambiar de opinión de un día a otro es “pan nuestro de cada día”.

Para no extenderme mucho en el tema les comento mis valores:

  1. El honor y la integridad son los pilares de mis relaciones con el mundo.
  2. La familia siempre será más importante que cualquier otra cosa.
  3. El bien de los demás siempre será mi bienestar.

Siempre he pensado que los valores no deben ser una lista inflexible. Eso tres pilares han guiado mi vida adulta, y para ser honestos, creo que en ningún momento dejo de pensar en ellos.

La verdad es que quisiera que mis hijos tuvieran sus propios valores, sin importar cuáles sean… Aunque no les voy a mentir: voy a hacer todo lo posible para que mi hijo tenga los mismos valores que yo…

A final de cuentas, con tal de que entiendan el valor de ser fieles a sí mismos, creo que todo va a estar bien.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Reflexiones simples, conclusiones claras

Gente Realmente Divertida, no les ¿parece?
Nota Previa: Este es un post un poco más serio que de costumbre, creo que es la luna... luego regreso con algo más ligero. Y para no aburrirlos mucho les dejo una foto divertida de mi persona y mi esposa.

Mi papá es la persona más íntegra que conozco. Nunca en su vida ha buscado más de lo que le corresponde, siempre con un compromiso inquebrantable ante sus valores. 

Mi mamá es una de las personas más dedicadas y preocupadas por el bienestar general de mi familia, buscando ayudar en todo lo posible. No recuerdo la última vez que alguien en la familia no recibió ayuda de mi mamá en momento difíciles.

Mi hermano y yo fuimos educados con esos valores en primer lugar: Integridad y dedicación. Cada uno en su vida hemos aprendido lo difícil que puede ser mantener esas dos premisas (valores, tablas de ley, como lo quieran llamar) en todo momento.

Hoy tuve grandes conversaciones con personas que aún estando a la distancia, buscaban entender cómo que yo era como era. Buscaban entender no sólo las decisiones que tomé, sino como el trabajo que dejo detrás de mí es una muestra de bien que traté de hacer mi lo que me tocaba hacer. Me hablaron de cómo es importante no sólo obtener un resultado, sino que el esfuerzo no implicara ir en contra de lo que uno cree y le gusta.

Fueron tan interesantes las conversaciones que no me dí cuenta lo importante que eran hasta terminaron solicitando que los aconsejara. Nunca pensé que fuera alguien a quien pedirle consejo.

Sin entrar en detalles, hoy descubrí que tan profundas son mis creencias y valores. Al punto que me sentí realmente bien conmigo mismo. Hace un tiempo dije que me despedía de mi entorno en paz, pero siempre quedaba la duda de si realmente era una paz por desconocimiento (alguien me dijo una vez: "La ignorancia es atrevida e inocente"). 

Ahora estoy completamente convencido de que me fui en paz porque era el momento correcto de retirarme. El tiempo ha pasado (no puedo creer que ya tenga 3 meses desde que me fui), pero sigo estando seguro de que todo courrió por las razones correctas, en el momento correcto y con las personas correctas.

¿A qué voy con todo esto? (Se preguntarán los que aún leen)

A la irreparabilidad de las acciones que van en contra de los valores.

Yo puedo resolver muchas cosas en la vida (no puedo ni evitar la muerte ni fabricar dinero, lo siento para aquellos que me iban a escribir sobre el punto), pero algo que jamás podría reparar es el momento en el que voy en contra de mis valores.

Recuerdo una entrega de premios donde un ganador decía: Negocio todo, pero mis valores, jamás. Ese momento tuvo un impacto realmente fuerte en mi mente, ya que ha pasado mucho tiempo y sigo recordando el momento muy claramente.

Y si alguien me pregunta, ese será mi mejor consejo: 
 
Nunca negocies tus valores.

martes, 12 de julio de 2011

Comunicación y Confianza

En una conversa informal con alguien salió a colación el tema de la comunicación en pareja, y de cómo los hombres somos vistos como entes cerrados. Sobre todo hablamos acerca de lo que pasa por la mente del hombre al momento de hablar de la infidelidad.


Yo tengo fama de ser una persona muy fiel en todas mis relaciones (laborales, personales, etc)... Es decir, trato de evitar la traición como una opción válida en las decisiones que en cualquier momento tengo que tomar. Eso me hace pensar siempre en evitar malos entendidos, evitar lastimar a las personas que no lo merecen, en fin, cuando hablo de fidelidad, hablo de una mezcla de flipper y lassie (se me cayó la cédula, lo sé, pero no se me ocurre un ejemplo mejor de fidelidad y dado que han usado ese ejemplo para referirse a mí, me parece interesante usarlo).


Ahora, les comento que la conversación me dejó pensando mucho en el tema. Siendo un hombre casado, siempre recuerdo un par de artículos que en su momento leí y generaron un impacto interesante:


Ambos artículos los leí antes de casarme y la realidad siempre pensé que estaban pésimamente escritos, por un simple hecho básico: parten del que el problema principal de los hombres es la comunicación, y que por la falta de comunicación hay una falta de confianza en la pareja, y por ende, hay que atender el tema de la comunicación directamente.


El error me parece evidente, pero es también muy sutil: Se habla de la confianza como un resultado de la comunicación, no como un tema aparte interdependiente.


Yo soy una persona que confía en la bondad de la gente, pero que da sólo una oportunidad para la traición. Eso implica directamente que no tengo que comunicarme con la gente para confiar en ella (por eso creo en los mecánicos y los técnicos de reparación ciegamente, lo cual me hace el típico pendejo que le cobran lo que les da la gana), pero al detectar el primer acto de traición, soy una persona que tiende a ser bastante agresiva ante esas situaciones. El que me conoce, sabe que tiendo a pasar de tu mejor amigo fiel, a ser un completo extraño que no genera ninguna interacción. A veces tiendo a ser vengativo, pero es raro que eso ocurra.


Viendo a mi alrededor, observo comportamientos similares en la mayoría de los hombres que conozco: confiamos en nuestros amigos y familiares sin casi interactuar con ellos, y más aún, a veces confiamos en ellos sin importar lo que se oiga de los mismos (¿o es que nunca han estado en la situación en la que tienen que hacerle "la segunda" a un amigo que está haciendo algo incorrecto?).


En cambio, las mujeres parten del hecho de que la confianza se reafirma al comunicarse, viendo el ejemplo más típico que cuando hay dos mujeres conversando en cualquier lugar, el nivel de importancia de la comunicación depende directamente de la confianza que se tienen.


¿Qué significa esto? Que para los hombres la comunicación y la confianza están separadas, mientras que para las mujeres la comunicación es un símbolo de la confianza. No creo que ninguno de los esquemas sea incorrecto, pero es fundamente entender esta diferencia para poder llevar a cabo una relación exitosa en cuaquier ámbito.


Uno puede hablar sin creer lo que se dice, puede actuar en base a la confianza de otros, puede suponer casi cualquier cosa de cualquier persona, pero la realidad es que nunca puede evitar algo tan simple como:


La confianza depende de la comunicación tanto como la comunicación de la confianza. Uno no es resultado del otro. Nos guste o no.

martes, 30 de junio de 2009

Cuando descubrí que la diversión no debe terminar


Hace poco alguien me hizo el comentario más preocupante del mundo

- ¿Sabes que la mayor parte del tiempo no sé si estoy trabajando o no? -

Mi cara de estupefacción no debe haber sido normal, porque el comentario siguiente fue

- No es que estoy trabajando como un burro y lo único que hago es estar frente a la computadora haciendo dinero... - Sigue mi cara de estupefacción, pero en mi mente se está formando la palabra "LOCO" - Es que estoy haciendo cosas tan arrechas y que me motivan tanto que no sé si en verdad estoy trabajando o haciendo lo que me gusta -

Mis queridos lectores, al igual que un grupo de ustedes, mi cara de estupefacción no dejó de estar presente, más aún, realmente sentí lastima por la persona que me hizo el comentario, aún teniendo en cuenta su cara de felicidad al hacer tal afirmación, dado que en ESE momento realmente pensaba que uno debe tener la capacidad de saber cuando está trabajando y cuando no. Es algo tan básico como saber cuando uno se está bañando, cepillando los dientes o comiendo.

Tu sabes que estás haciendo una actividad, no es que un buen día llegas y dices

- ¡Epa... como que estoy cepillandome los dientes y no me había fijado!

Pero como este espacio no se llama "El escritor lo sabe todo", he descubierto, a partir de la experiencia propia, que esta situación inusual me está pasando.

Hay momento en los que no sé si estoy trabajando o no.

Dado el momento de inspiración/innovación/emprendiemiento en el que estoy, el día de hoy estuve conversando con otra compañera acerca de cómo se define una idea, de mis experiencias, de mis propuestas de innovación, de cómo invertir, de cómo ganar, de como aprender a perder, en fin, una charla laboral orientada a nuevas oportunidades de negocio. Lo interesante del dato: Estabamos hablando dentro de mi carro en un congestionamiento de tráfico espantoso, teniendo una conversación totalmente informal (que lastimosamente no grabé y apenas pude escribí lo que recordaba) y sin ningún compromiso laboral. ESTABA TRABAJANDO Y NO ME HABÍA DADO CUENTA.

Haciendo un poco de memoria y observando lo que he estado ahciendo últimamente, estoy teniendo lapsos en los cuales no estoy 100% claro si estaba trabajando o no. Para serles honestos, estos lapsos de tiempo son recientes, creo más que todo porque no había pensado mucho en el tema.

No sé si a ustedes en algún momento les ha sucedido que habían estado comiendo y no se habían dado cuenta, pero he recibido el don de la experiencia a partir de una revelación personal, es decir, mi compañero no me estaba diciendo disparates ni nada por el estilo, más aún, me estaba enseñando el principio de una senda totalmente nueva para mí, pero que es evidente para otros:

La vida del empleado está atada a un empleo, la vida de la persona está atada a la vida.

Mientras piensan y opinan sobre esta revelación (Y sobre la locura de idea de hacer cosas sin saber siquiera si efectivamente se está haciendo algo) yo me voy a seguir haciendo lo que mejor se hácer.

Lo que quiero, cuando quiero, porque quiero, como quiero.

viernes, 31 de octubre de 2008

And silence falls between us, as the shadows steals the light...


Cuando trato de escribir exactamente lo que pienso, o trato de expresar lo que exactamente quiero decir, usualmente digo barbaridades que hacen efectivamente más daño que lo que en realidad quiero decir.

Por eso usualmente soy muy cuidadoso de lo que digo.

O viceversa, cuando quiero que la gente se arreche conmigo, me pongo "crudo".

Toda aquella persona que tenga un poco de sanidad en su mente puede estar pensando: ¿Para qué demonios quiero hacer molestar a la gente? Si usualmente todas la guías de inteligencia emocional, de manejo de la gente, y la mayoría de los psicológos del mundo hablan de la efectividad de la asertividad, yo llego y uso la asertividad como un arma.

Mi respuesta, además de simple, tiene un sentido bastante interesante: Para generar un efecto reactivo contrario a mis opiniones.

He descuebierto algo interesante: Los individuos tienen opiniones, las masas no. Lo que quiero decir es que cuando existe una opinión individual, el ser humano por naturaleza tiende a aceptarla o rechazarla, más las masas en general tienden a seguir el comportamiento del individuo, en otras palabras, la gente parece más un rebaño que es llevado por aquellos que opinan.

Y personalmente eso me saca de mis casillas.

En mi trabajo usualmente tengo que proponer ideas completamente alocadas, teniendo siempre con consideración muchos puntos de vista y perspectivas, buscando siempre los puntos comunes y analizando las situaciones para obtener una solución que cumpla con las exigencias de todos. Pero cuando propongo una idea y nadie opina, me frustra.

Me frustra ser la única persona que vé el problema en toda su completitud, me frustra que la gente es muy complaciente y yo tiendo a ser muy detallista, a ver el lado malo a las cosas, a ser crítico en todo. Y me gustaría que todo el mundo fuera crítico conmigo. El problema es que la mayoría de las veces no lo son, porque dadas mis habilidades personales, hay momentos en los que me siguen ciegamente.

No me malinterpreten, me gusta que mis opiniones sean tomadas en cuenta y que tengo un peso importante en la toma de decisiones, pero realmente prefiero que todos seamos la guía en las decisiones, que yo sólo sea la guía y los demás me sigan ciegamente.

Así que saco a la gente de sus casillas. Las hago reaccionar, y aún cuando les digo que las voy a volver locas, no lo pueden evitar.

Hace casi un año, conversando con algunas amigas, les dije claramente que las iba a molestar. Sabiendo sus creencias y valores, utilicé intencionalmente argumentos muy válidos sobre el significado de "la asertividad". Para mí, la asertividad es dar un mensaje de tal manera que se esté consciente de la respuesta del otro, y más aún, contar con esa respuesta efectiva para que las partes se entiendan. Para el resto del mundo conocido, la asertividad siempre debe ser positiva. Si se fijan, la diferencia fundamental es que yo uso la asertividad para generar el efecto deseado, sea el "bueno" o el "correcto". Obviamente estalló el caos en la conversación, pero mis amigas, aún sabiendo que estaba haciendo uso directo de la asertividad para generar caos, nunca estuvieron de acuerdo conmigo.

No digo que tenga la razón, pero es demasiado interesante ver cómo con un mensaje bien formado se puede obtener un efecto deseado.

Por eso es que tengo que inducir el caos la mayoría de las veces en mi trabajo, para generar una reacción y evitar el comportamiento de rebaño.

En fin, esto tal vez sea un poco de ruido a ver si genero un poco de esa divertida y siempre necesaria polémica...

viernes, 19 de septiembre de 2008

El pitillo, la pajilla y el Popote


Aventuras de un Venezolano en México:

- Disculpe Señorita, ¿me podría dar un pitillo? - Pregunta el joven venezolano que no sabe que en méxico a las líneas de cocaína se les llama pitillo.
Dada la cara de asco de la señorita, el joven venezolano cae en cuenta que ha utilizado la palabran incorrecta y reformular la pregunta
- ¿Una Pajilla? - Ahora el rostro de la señorita cambia de asco a repulsión, dado que el término pajilla tiene connotaciones pornográficas...
Finalmente, y en estado de preocupación, el joven pregunta
- ¿Popote? - Con rostro preocupado
- Ahhhhhhh - Responde la vendedora - No tenemos, tome un vaso con hielo para vertir el refresco -

Este es uno de los recuerdos más extraños que tengo, y no sé por qué, no dejo de reírme al pensar lo extraño que es hablar el mismo idioma y no entenderse para nada.

Todo el mundo tiene recuerdos divertidos, recuerdos que quisiera olvidar, recuerdos que olvidó y aparecen de repente, en fin, todo el mundo tiene anécdotas que contar.

Pero en fin, esta historia no está para ilustrar mis desventuras en méxico, sino para probar por anticipado algo que he visto mucho: A la gente le gustan las anécdotas. Uno puede estar en alguna conversación casual, siempre surge una anécdota, la cual sirve como ancla entre el tema general y las personas. En otras palabras: Es lo que demuestra que estamos prestando atención y no estamos pensando en compras (mujeres) o mujeres desnudas (hombres).

Ahora viene la parte fumada de su servidor: Es increíble como una anécdota da poder sobre el que la cuenta. Aquel que relata la historia, de hacerlo correctamente (particularmente los que me conocen saben que tiendo a gesticular mucho en mis relatos) se convierte en una especie de sabio, por conocer y transmitir una información que nadie poseía.

Pero el valor de la anécdota es temporal y contextual: Una historia fuera de contexto o conocida genera repulsión y la automática pérdida de poder del locutor. Es decir, se vuelve un pendejo.

Viendo este gran video de Los Simpsons me he puesto a pensar el valor que tiene el saber decir las cosas en el momento justo, de la forma correcta y transmitiendo el mensaje que exactamente quiero decir.

Es decir, si en este momento les digo que estoy divagando, hablando tonterías sin sentido, que divierten y a veces hacen pensar, ¿habrían descubierto que no debían leer esta última línea, dado que no tiene ningún sentido?

Pues ahora que la han leido, no les queda otra que pensar en lo que podría haber sido, no lo que es en realidad.

Mientras tanto, sigan buscando esa anécdota que les gusta, que les divierte y que les da poder. Si no la tienen, es hora de vivirla.

lunes, 16 de junio de 2008

Y ahora para su deleite...



Nota: Fin de Semana de "Día del Padre", en el cuál ví tres películas malas y una repetición de "Monty Python Meaning of Life" trae a la semana una óptica loca. Tengan paciencia o cierren el blog en este momento.

Por cosas de la vida, trabajo en una empresa donde el promedio de edad no debe ser superior a los 30 años. Si a eso le sumamos que la mayoría nos conocemos previo a nuestro ingreso en la oficina, es natural pensar en conversaciones como las siguientes:

- ¿Puedes tocar a ese que está ahí para que me pare? - Dice una de las muchachas a uno de sus compañeros de trabajo que se encuentra compartiendo cubículo con otro
- Hayyyyyy vale... - Dice alguno
- Tócalo pues... - Se escucha en el cubículo de al lado

Y bueno, ustedes se hacen la idea. Conversaciones informales, ideas inusuales, conversaciones a medias, medias conversaciones, es decir, algo humano.

Quiero traer a colación este punto porque con el nivel de stress que tengo útlimamente, necesito a veces estar dentro de un ambiente de ruido, aquel ambiente donde no escuchas nada, pero todo a la vez. Es aquel espacio donde no te puedes concentrar en lo que realmente estás haciendo, sino en todo lo que los demas hacen.

Ese debe ser el paraíso para aquellas personas que buscan ser creativas: Ese lugar donde las ideas salen de todos lados, en el que recordamos que la interacción humana es de las mejores medicinas para curar la depresión, la ansiedad y la necesidad de reaccionar.

Pero dejé ese espacio por uno donde la paz interna proviene de un lugar más perdurable, en donde debo emprender y vencer los temores más simples para llevar un nuevo concepto. En otras palabras, dejé la comodida de la interacción social constante por un lugar con un poco más de paz mental, con el fin de concentrarme en lo que debo y no en lo que quiero (Eso sí que está peludo de entender, avísenme si entendieron para que me expliquen).

¿A qué viene todo esto?, Bueno, que tal vez estoy empezando a entender por qué he tomado mis últimas decisiones, algunas malas, algunas buenas. Creo que la idea central es que no se queden ahí, en ideas.

Vamos a ver...

O tal vez no...

Todo depende de mí...

De todos...

Y de que alguien me explique que estoy escribiendo, porque ahora que leo toda esta locura, ni yo mismo me entendí.

T-40

lunes, 15 de octubre de 2007

Egoísmo social


NOTA PREVIA (Bastante larga, de paso): Desde hace un par de semanas vengo pensando en qué escribir, en que expresar, en qué sentir... Pero por casualidades del destino, o verdades de la vida, me ha tocado trabajar en más actividades de las que debo, por lo que el escrito de esta semana lo congelé para hablar de otras cosas. Pongo esta aclaratoria en base a las posibles preguntas que sé que saldran.

Hoy descubrí algo interesante.

Lo difícil que es decir NO ahorita con el fin de que por sí solo se convierta en un SI.

Dado que ya todo el que lea esto no va a entender (parece costumbre de este espacio del mundo que primero me la fumo, luego me la fumo un poco más y finalmente termino hablando de cualquier otra vaina), le explico a ver si entre todos podemos resolvereste pequeño gran dilema.

Algo que vengo viviendo más que de costumbre, para mal o para bien, es el conflicto que genera mi deseo por ayudar a los demás. Tengo debilidad por la gente, por ayudar al que lo necesita cuando está en mi poder, y de ayudar a otros cuando no se dan cuenta.

¿Me creo Batman? No, no me lo creo.

¿Gano algo ayudando a otros cuando la mayoría de las veces nadie se da cuenta? Mmmm, buena pregunta, pero me atrevería a responder que no... Directamente no gano nada ayudando a otros.

¿Ayuda a las personas por alguna razón altruista o por el simple deseo de ser mejor persona? Aqui realmente tengo que responder que no, y cualquiera que me conoce sabe que no busco ser mejor persona.

Y como esas preguntas me puedo preguntar cien más, y todas tendrán la misma respuesta: NO.

Entonces, ¿Por qué demonios ayudo a los demas?

Por egoísta...

Por simple y puro egoismo...

(En este momento puede cerrar la ventana o pestaña de su explorador y dejar este escrito aqui, ya que lo siguiente es el fume de costumbre, tal vez con un poco de chispa, pero es el fume de costumbre)

Soy una persona que trata de adaptarse a su ambiente, a su medio y a todas las situaciones que me rodean...

Pero tambien soy gente, y la mayoría de las veces me gusta que mi entorno esté en lo más pacífico posible.

Así que trato en lo posible de ayudar a los demás, porque indirectamente estoy acomodando mi ambiente para que mi pasar y pensar sea lo más suave posible.

Todo el mundo dice que estoy loco, que a veces mi ayuda a corto plazo implica más problemas.

Pero ahí el problema: Yo no pienso a corto plazo. Siempre mis ayudas buscan resolver a largo plazo, de manera definitiva los problemas. Como dice el dicho: Para hacer Omelette hay que romper huevos.

En mi caso, Para obtener un SÍ tengo que hacer que aparezcan suficientes NO que hagan que el resultado realmente valga la pena.

Y entonces llega la gran pregunta: ¿Vale la pena todo el esfuerzo por algo tan complicado?

Pues la respuesta es que vale la pena cada segundo que invierto, que disfruto, que significan mi paz y felicidad.

Porque como comenté antes: Soy un egoísta más en este mundo.

martes, 9 de octubre de 2007

Think to much, think to little, let the life show the road



Si alguien preguntase si eres feliz: ¿serías capaz de responder sí sin ninguna duda?


Si alguien te viese a los ojos y preguntara: ¿Has hecho cosas tan alocadas que tenían todo el sentido del mundo? Podrías responder sin recordarlas con alegría?

Si vieses a alguien llorar: ¿ofrecerías tu hombro y tu comprensión sin pensar en ayudar?

Si sientieras que necesitas decir algo: ¿cuánto tiempo podrías callar tu alma sin que esta gritara desde lo más profundo de tu interior?

Si alguien te viera directamente a los ojos: ¿Podrías evitar el deseo de expresar, transmitir y sentir a la vez?

Si tuvieras la oportunidad de hacer algo que realmente cambie tu vida: ¿Podrías hacerlo sin ningún remordimiento?


Si tuvieras la oportunidad de corregir alguna decisión en tu vida: ¿Realmente lo harías?


Si hubiera una respuesta absoluta para todas estas preguntas: ¿Realmente importaría?

Para mí, lo divertido no es tener las respuestas, es el proceso de buscarlas.

Demasiadas preguntas, poco tiempo para responder, a ver que sale de todo esto, puede ser algo bueno, puede ser algo malo, a final de cuentas, la decisión depende de cada quien...

sábado, 18 de agosto de 2007

This Six Words In My Head


"Voy a escribir esto porque debo".

No porque quiero, porque en estos momentos la realidad supera a la ficción tanto que parezco personaje de mis propios cuentos.

No porque deseo, ya que las implicaciones de lo que escribo no deben superar lo escrito, y dado que esta ya no es la realidad, el efecto de estas palabras debe ser más fuerte de lo que probablemente puedo manejar.

Pero debo escribir esto, porque a final de cuentas, si uno no aprende por las buenas, debe aprender por las malas.

En fin, la idea de este escrito es hablar sobre el valor.

No sobre el valor del dinero, ni el valor de la amistad, sino simplemente el valor como sentimiento humano.

Hasta hoy he pensado en el valor como el sentimiento de seguridad que se tiene aún cuando existe la posibilidad de hacer un sacrificio por un bien mayor (sea personal o altruista). La realidad me ha impactado tan fuerte que debo realmente descubrir que me he equivocado tan rotundamente que no puedeo dejar de pensar en ello.

Y decir sin lugar a dudas que soy muchísimo más cobarde de lo que realmente he querido aceptar.

Siempre he estado a la espera de las pruebas que me hacen sentir que valgo lo que soy, que puedo manejar las malas desiciones y los errores de la mejor manera posible.

He tratado de aprender sobre los golpes ajenos (Cosa que ahora sé es imposible).

He tratado de evitar incomodidades de las personas a mi alrededor, esperando que la felicidad sea más fácil de absober en un ambiente agradable.


Que equivocado he estado.

Sin querer (¿o queriendo? aún no sé la verdad a esto) he dejado de mostrar valor, escudandome ante la lógica de mi alma, navegando con mis instintos, equivocandome de camino a propósito, teniendo todas las de ganar y perdiendo a propósito, todo con el fin de probarme a mi mismo de que soy digno de lo que soy y debo ser.


Pero al final cometí el error más elemental.

Pensar que no me importan los errores, que siempre podré levantarme sin importar los golpes, que podría aguantar la realidad tan cruda como debe ser, pero sin que haga efectos en mi mente.

Esta vez no es así, porque no importa que tanto trate de convencerme de la realidad, no puedo dejar de pensar que todo es un sueño, de que este es un golpe del cual es probable que no me pueda levantar.


Estoy preparado para todo, menos para ser un cobarde y no afrontar mis propios errores por primera vez. No sé si esto es valor o no, simplemente sé que el tiempo no cura todo, a veces, sólo hace que el temor aumente.

miércoles, 13 de junio de 2007

Ver o querer ver?


Los hombres no sosmos famosos por captar indirectas, y menos aún, captar las sutilezas que nos da la vida. Tal vez esa es la razón principal por las peleas entre parejas: Uno nunca vé los detalles que realmente deberíamos ver.

Pero más allá de ver las sutilezas que nos conlleva el convivir y relacionarse con las personas que nos interesan, he estado pensando algo que es tan común para los hombres como para las mujeres: Cada quien quiere ver el mundo de tal manera que tenga un significado simple y sencillo, o por lo menos, que tenga alguna razón que lo guíe.

Quisiera decir que soy un caso especial, que veo la vida como quien vé matrix La verdad es totalmente distinta, cosas que creo ver no son lo que la realidad se me presentan, cosas que debo ver no las veo, y cosas que quisiera ver, simplemente no las veo.

Todo este preámbulo me hace pensar en una pregunta: ¿Es necesario que las indirectas existan?, y más aún, son válidad preguntas como ¿Es necesario que las mujeres se vistan provocativamente para que los hombres las vean?, ¿es necesario que los hombres realicemos todo un cortejo indirecto para atraer a las damas?, ¿es necesario que el niño diga que quiere ir a mac donalds cuando en realidad lo que quiere es ir a jugar al parque?, En fin, vivimos con tantas indirectas que es un milagro que nadie haya matado a alguien por decir algo directamente sin usar las sutilezas de la interacción humana (Un momento aparte: todo el mundo va a decir que la mayoría de las películas tienen gente muerta por se honesta y directa, pero en la realidad, conozco pocas personas que prefieran ser indirectas que directas).

En particular, las indirectas parecen ser algo complejo de eliminar de la vida cotidiana, hasta la más simple conversación cotidiana está llena de miradas, sensaciones, movimientos, gestos, en fin, toda una serie de complejidades que complementan las directas con "las indirectas habituales".

Ahora que lo pienso, si cada quien vé el mundo como quiere y vive lanzando indirectas: ¿COMO ES POSIBLE QUE LA GENTE SE ENTIENDA UNA A OTRA?. Creo que ahí la razón principal de todos los problemas del mundo: Comunicación efectiva (Y ahora todos los que leen dicen que inventé el agua tibia...). No es algo nuevo, ni un pensamiento revelador en sí, pero hay que decirlo a voz pública, gritarlo, escirbirlo, decirlo a voces, en fin, tiene que dejar de ser una indirecta para ser una directa

Como dijo hamlet:
"Hay Algo Podrido en Dinamarca". Voy a ver si yo puedo botar lo podrido en mi forma de ver las cosas


lunes, 4 de junio de 2007

Policía Social

¿Cómo empezar a escribir sin tener en cuenta que lo que se quiere expresar muchas veces tiende a tocar las fibras sensibles de quienes nos leen?

Muchas veces, cuando inicio el delicado arte de poner una letra después de la otra para formar algo semejante a un discurso semántico (es decir, cuando me pongo a escribir sobre cualquier pendejada que se me ocurre), debo censurarme a mí mismo aún antes de escribir la primera palabra. ¿por qué? se preguntará mi estimado lector, pues la respuesta es más simple de lo que quiero que sea: Porque muchas veces lo que uno dice (o escribe, dado el caso) tiende a ser mal interpretado o puede herir los sentimientos de otros.

Una de las razones principales por las que escribo es que siento que lo que veo es algo único (bueno, creo que todo el mundo debe sentir lo mismo), pero la información, tal y como yo la veo, no puede ser de centralizada de secreta (sueno a cuento político, lo sé), aún cuando las intimidades y reacciones ante lo que escribo pueden golpear el pensamiento del que las lee. Cuando escribo de mis amigos, de mi familia, de mis vivencias, es porque el impacto que ellas tienen sobre mis pensamientos es importante. Pero muchas veces esas vivencias son mal interpretadas, y sobre todo, hacen daño a las personas que me importan.

¿Por qué escribo tantas pendejadas? pues porque voy a poner reglas muy claras de juego. En este blog voy a hablar de muchas cosas, y como regla inicial, cada quien puede entenderlas como quiera (para eso existe la libertad de expresión), pero no se equivoquen, lo que ustedes entienden es sólo un óptica de la información, y nunca puede decirse a ciencia cierta que es una interpretación fiel de lo que yo pienso o dejo de pensar.

En como mi cuarto: mi mamá dice que está desordenado y yo digo que está en un "perfecto desorden". Juzguen ustedes cual es la verdad